Todo pedido personalizado empieza igual. Un cliente manda un logo por correo. Viene en el tamaño equivocado, o en el formato equivocado, o es la captura de una captura. Le contestas. Te responde con la medida que quiere, escrita con palabras. Alguien la copia a mano en una orden. En algún punto entre el correo y la prensa, se pierde un detalle.
PrintKit cierra ese hueco: mueve el paso del diseño a tu propia tienda. El cliente elige la prenda, la talla, el área de impresión, la forma de corte, el ancho del rollo — lo que tu taller realmente ofrece, porque tú lo configuras — y ve el precio cambiar mientras avanza.
Cuando paga, el archivo ya está bien. Viene al tamaño de la prensa, con la resolución revisada al subirlo, y llega con una orden de trabajo que indica la prenda, el color, la ubicación y la cantidad en las mismas palabras que ya usa tu taller.
Los pagos siguen siendo tuyos. En Shopify pasan por tu propio checkout; en cualquier otro sitio, por tu propia cuenta de Stripe o como ya cobres hoy. PrintKit nunca toca los datos de la tarjeta y no cobra comisión sobre tus pedidos.